Fear Effect
No es que vaya a dedicarle unas letras al videojuego del mismo nombre, conocido sobretodo por sus interesantes escenas de besuqueo lésbico, sino que simplemente voy a repasar algunas de las cosas que durante mi vida me han causado miedo, angustia o acojone en diferentes etapas, muy diferenciadas entre si.
Cuando eres solo un crío está claro que tus miedos se reducen a los mas primarios instintos. La influencia de la televisión, de las historias, y la poderosa imaginación de un niño provocan que, por ejemplo, alguien (en este caso yo), se pueda estar dos meses seguidos soñando todas y cada una de las noches con los Gremlins, algunos de esos sueños tan vividos que todavía hoy puedo recordar algunos con todo lujo de detalles, como por ejemplo, ese en el que estaba comprando en Mercadona (donde si no, a sus pies, siempre a sus pies) con mi madre y los carros de la compra estaban repletos de bichos de estos. Lo cual unido a algo tan típico como la imposibilidad de gritar o correr (¿por qué tenemos que ser tan inútiles en nuestros sueños?), provocó semanas de dormir con la luz abierta y en la cama de mi abuela.
Todavía es entendible que te acojonen unos bichos verdes, asquerosos y bastante cabrones, lo que escapa a mi razonamiento es el auténtico terror que me inspiraba uno de los símbolos televisivos de la época, el muñeco del inefable José Luis Moreno: “Monchito”. Es increíble que con la gracia que me hacía verlo por TV, cuando llegara la noche se convirtiera en una de mis pesadillas mas rocambolescas. El sueño consistía siempre en lo mismo. Mi madre me mandaba a por agua (de noche, por supuesto) y la luz del pasillo no se encendía. Yo avanzaba poco a poco hacia la cocina totalmente consciente de lo que iba a aparecer, y en efecto, ahí estaba al fondo, el hijo de puta de la gorra roja. El desenlace era opcional, o volvía al comedor y mi madre no me creía, o directamente me despertaba entre sollozos y totalmente ido por la pata abajo.
Estos dos fueron mis grandes miedos cuando no era mas que un niño, miedos que casi siempre se manifestaban en forma de pesadillas, mas que en forma de sentimiento real. Conforme fui creciendo esos miedos de los que hablo fueron desapareciendo y mutando en otros de muy diferentes estilos y formas.
En la adolescencia, el temor supremo es sin duda alguna, el de no encajar. Siendo esa una edad tan dada al borreguismo y al viaje en manada, cualquier señal que te pudiera diferencias del resto de reses se convertía en algo a eliminar y hacer desaparecer por pura necesidad evolutiva. Ya fuera el peinado, las zapatillas, la ropa o el rendimiento académico, pocos habremos sido los que no hayamos intentado adaptarnos al medio por temor a sentirnos excluidos del grupo. Siendo como era un chaval inseguro y con poca autoestima, me costó mucho darme cuenta del error que supone a ciertas edades el intentar ser “como los demás” a toda costa sin reparar en gastos, pero sin embargo, esta inquietud tiene mucho que ver con otra de las que mas me preocupaban y quizá, preocupan, el miedo a la soledad.
El ser humano, un ser social por definición, necesita del contacto con otras personas para ser feliz y desarrollarse como individuo. Esto, que es una definición de Perogrullo digna de cualquier libro de filosofía del tres al cuarto, para mi es una verdad inmutable y absoluta. Desconfío de, por no decir que no me los creo en absoluto. todos aquellos que dicen no necesitar de nadie para existir y ser felices, no creo que eso pueda ser así. Y aunque mi experiencia solo valga para mi persona, esta me dice que los momentos en los que he mirado a mi alrededor y no he visto a nadie han sido sin duda alguna los peores de todos. Este miedo es mutable y en ocasiones irreconocible, sin embargo, y se me ha presentado de diferentes formas, mostrándose en cada ocasión del modo que mas daño puede hacer (si, mi subconsciente es bastante masoca y traicionero).
En la época en la que ligaba y todo (esa época existió, no os creáis eh), y durante los meses que estuve con la señorita X y la señorita Y, me sentía bastante solo también. Había dejado bastante de lado a mis amistades por centrarme en mi recién estrenada condición civil. Me faltaba el juego, la tontería, el cachondeo y la diversión que esas chicas por si mismas no me podían proporcionar, y me sentí mas solo todavía cuando una vez todo acabó no encontré mas que un territorio árido de amistades a mi alrededor.
Y joder, como han cambiado las tornas. Este es un buen momento en lo que a mi sociabilidad de refiere. Me he creído que realmente puedo ser un tipo simpático y divertido y mi apriorístico miedo a caer mal o al ridículo han dejado paso a alguien que, realmente, tiene bastante facilidad para hacer amigos. Sin embargo, esta bonanza coleguistica no es óbice para que en ocasiones me siga sintiendo algo solo en ocasiones, quizá necesitado de un cariño y unas sensaciones que ningún amig@ me puede dar (no hablo de ese tipo de sensaciones, que os tengo fichados a todos). Que coño, estoy hablando del archiconocido y en cierto modo estúpido miedo a lo que en muchas series de TV o películas se refieren como “vas a morir solo”. Una estupidez como cualquier otra pero que cruza mi mente de vez en cuando (no lo de morir solo, sino lo antes citado).
Como de mi intrínseco miedo al fracaso ya he hablado alguna vez, para acabar quiero contar el motivo que me ha hecho escribir todo esto.
Hace tres o cuatro noches tuve el sueño mas horrible y espantoso que he tenido jamás. Iba yo con la scooter camino de mi trabajo en el aeropuerto cuando la rueda de atrás patinaba sin saber por que y tenía un accidente. Me golpeaba la cabeza y poco a poco todo se volvía negro. Seguía soñando, por que poco a poco iba tomando conciencia de ello, pero en el sueño todo seguía en negro. No había que ser muy avispado para soñar que la estaba palmando, vaya. Pues bien, me desperté del todo, totalmente sudado y pegando un grito (en plan peli americana, si, pero a veces me pasa) y ya no pude pegar ojo en toda la noche.
Si, lo confieso, tengo mucho miedo a morir, es a lo que mas miedo tengo de todo. La incertidumbre de saber que coño habrá detrás no me preocupa tanto como el hecho de perderme todo lo que pudiera venir. Lo peor de todo es que esos pensamientos me vienen en los peores momentos, esto es, cuando voy con la moto a algún sitio y claro, me acojono vivo.
Sin embargo, me parece un símbolo de salud mental maravilloso tener miedo a desaparecer. Es mucho mas enfermiza la pasividad y el abandono a tu persona que el exceso de celo ante el futuro. Yo al menos me encuentro mucho mejor así.
Que mal rollo de artículo, por Diox. Mañana escribo sobre el bajón posteyaculación y sus malditos efectos secundarios, maldita sea, lo prometo.
Un saludo a todos !!


marcus dijo
antes de nada, por favor!!!! por el pamesa!!!! por stargate o por lo que sea, no hables mañana de tus bajones posteyaculación. evitanos que tengamos pesadillas ocmo tú.
bueno, sobre la infanci, para mi era la serie V. dia que me revolvia y veia 10 minutos, dia que acababa durmiendo en la cama de mis padres tras pesadilla. veridico, asi pasaba, que no me dejaban verla porque el final era previsible y asegurado.
por lo de adolescente... creo que esos miedos, no el de ser distinto, tengo asumido que soy un bicho verde y raro. como los gremlins, pero aun pienso que yo soy gizmo. sino otro tipo de miedo más X e Y como dirías tú.
bueno, déjate de miedos y en dos semanitas pasatelo bien por vitoria.
un saludo tio.
13 Julio 2007 | 02:03 PM