Final de exámenes, por fin. Que extraña sensación de libertad, reconozco estar por el momento bajo los efectos de una especie de Síndrome de Estocolmo, sin saber a que dedicar mi tiempo y eso que solo llevo una hora en casa.

A falta de saber si me queda alguna para septiembre (valenciano e inglés están ahí en la cuerda floja), el balance del curo es bastante positivo. Me lo he pasado realmente bien y no he encontrado dificultades mas allá de algo puntual como el (puto) análisis sintáctico, por ejemplo.

Ahora solo me queda disfrutar. Relajarme, recargar pilas y dedicarme mucho tiempo a mi mismo. Leer todo lo que pueda, ver todas las películas que pueda, salir con mis amigos y en definitiva ser feliz. Dedicarme a lo que me gusta, como a escribir en este blog, sin la preocupación de tener la espada de Damocles colgando sobre mi cuello.

El trabajo dudo que sea un problema. Este año estaré menos a gusto ya que no doblaremos ningún turno y no me podré ir a dormir toda la mañana como el verano pasado, pero así y todo echar cabezadas en el sillón me parece un método absolutamente aceptable de descanso si tengo intención de salir el sábado anterior.

En definitiva, mi verano empieza aquí. Voy a intentar retomar mi ritmo de escribir un post al día para al final del verano poder releerme y tener una visión mas global de lo que ha deparado esta vigésimo primera época estival.

Que así a priori puede ser mucho y bueno.

Un saludete y bienvenidos de nuevo (los cuatro gatos que me leais)