Evasión o Vitoria
Después de tres días hablando de pasteleos, amor, y demás engañabobos, creo que es momento de regresar a la realidad aunque sea por unos instantes, y volver a pensar en cosas que, aunque me ilusionen menos, están mas cerca del alcance de mi mano.
Y esta realidad me ha traído una pequeña desilusión esta semana, o mas bien debería decir una gran desilusión. No os voy a detallar exactamente lo sucedido, así que simplemente iré al meollo del asunto y ese es que se me jodió el viaje a Vitoria que tanta ilusión me hacía. No tanto por perderme el Baskonia-Pamesa, que después de los últimos acontecimientos es una derrota segura como una catedral, sino por los “efectos colaterales”.
Y es que Vitoria es, con total seguridad, mi sitio preferido entre todos aquellos en que he estado, aunque tampoco estos hayan sido demasiados.
A simple vista, Vitoria puede parecer muy poca cosa. Hace un frío de tres pares de cojones (hasta en agosto puedes notar fresquillo) y tampoco tiene muchos lugares especialmente bonitos y atrayentes de ver. Pero me encanta y no se por que, debe tener algo especial. Si tenemos que atender exclusivamente a la belleza visual, solo puedo destacar la Virgen Blanca, que me impresionó la primera vez que estuve en Vitoria y me pareció un sitio precioso.

En la foto puede parecer que no es ninguna maravilla, pero cuando yo la vi llegué “desde abajo” y era un sitio precioso. En la Valencia cada vez mas parecida a la soñada por Rita y Zaplana es complicado encontrar lugares con ese encanto natural, por no decir imposible. Aquí nos hemos decantado mas por los edificios imposibles de mármol blanco made in Calatrava, para hacer de esta ciudad un sitio lo mas cool y modelno posible. Una puta mierda con patas, en mi modesta opinión.
De las gentes de Vitoria no se si hablar mucho por que tengo algunos oriundos del lugar paseando por aquí y no me gustaría que pensaran que trato de hacerles la pelota, pero realmente y por norma general, son gente acogedora y encantadora en el trato personal, te sientes como en casa. Y es que Valencia, como toda gran ciudad que se precie, carece de esa hospitalidad y ese sentimiento de pertenencia a algo que tan complicado de explicar me resulta. Yo estoy encantado de vivir aquí, tengo todo lo que necesito y el clima, que es algo importante para mi, es realmente fantástico. Por eso es complicada de explicar la sensación que tienes cuando estas en ciudades como Cádiz o Vitoria, ciudades no demasiado grandes con ese encanto especial del que hablo y que no puedo definir mejor.
Siguiendo con sus gentes, es indispensable comentar alguna de las leyendas urbanas mas extendidas sobre las vascas en general y vitorianas en particular. Se dice que son feas, lo cual es una de las mayores mentiras que jamás se difundieron desde que el mundo es mundo. Las vitorianas que leen esto, que dejen de leer ahora mismo, pero la verdad es que el nivel es muy alto. Que están bien buenas vaya, y además un buen porcentaje tiene ese puntillo hippie que me gusta y que tan difícil es de encontrar por aquí entre tanta aspirante a Barbie castillos. Supongo que el concepto de vasca que tiene la gente está mas cercano a las dirigentes batasunas que a Emma García (si, me pone Emma García, no me culpéis por ello). El problema está en que creo que jamás lo intentaré con ninguna por el punto que voy a detallar a continuación.
Y es que otra leyenda urbana, esta vez mas cercana a la realidad, es que las vitorianas son antipáticas y cerradas en su relación con los miembros del sexo contrario. De esto solo puedo hablar de oídas ya que nunca me he arriesgado a cargarme mi estadística, y es que a mi nunca me ha rechazado una vitoriana, cosa que no pueden decir los lugareños. El hecho de que la estadística sea un 0/0 no quita ni un apice de merito al dato, ya sabéis aquello de “que la realidad no te joda una buena teoría”. Y es que lo que me cuentan mis colegas de ahí es estremecedor, un infierno de castidad en el que los hombres vitorianos se ven obligados a acompañarse de sus congeneres y el alcohol para soportar la desidia de sus compañeras a la hora del apareamiento.
Quizá exageran un poco, qui ho sap, pero a los pobres se les ve realmente afectados cuando hablan del tema, y no tengo motivos para no creerlos.
En resumen, Vitoria es un sitio fantástico para visitar. Yo en principio tengo ya seguro que voy a ir a fiestas, por que el año pasado y pese a algún mal rollo, me lo pasé bárbaro. Este año iré con mis amigos de verdad (sino se me raja nadie, eh, eh, eh) y promete ser brutal. Y puede que me acerque a algún día de play-offs una vez haya acabado las clases, eso ya me lo pensaré mas adelante. Yo no suelo casarme con los lugares... pero este en especial, me encanta.
Y ya no hago mas la pelota por hoy.
P.D. Vosté sempre serà el nostre president. Gràcies per 20 anys de exits, de fracasos, de somriures i de llagrimes. Gràcies per fer posible aquest somni anomenat Pamesa Vàlencia.
Gràcies a tu també, Victor, per tractarnos sempre com amics y fer tot el que estaba a la teva ma per que haches meravellós projecte arribara a bon port.
Us anyorarem, no tingueu cap tipus de dubte.

Izotz-Erregina dijo
Gracias por escribir unas palabras a mi ciudad. La verdad es que a mí me encanta Vitoria.
Llena de parques, calles estrechas, calles anchas, plazas, jardines... pero sobre todo su gente. Está feo que lo diga yo, pero es así. La gente no parece que vaya con la prisa que va en las grandes ciudades, sin mirar a otro lado, más que a un punto fijo en el infinito.
Es una ciudad pequeña, en la que obviamente no nos conocemos todos, pero que nunca puedes hablar mal de un persona que aparentemente no la conoce nadie, porque seguramente, sea amiga íntima de tu interlocutor. Vitoria es un pañuelo. Tiene sus ventajas y sus desventajas.
Por cierto, hay un proyecto para remodelar la Plaza de la Virgen Blanca, pretenden quitar los jardines (sí, esos jardines que son el emblema de la ciudad) para poner fuentes de luz. Nunca será lo mismo si nos la cambian.
Me encanta como escribes.
Muxu asko.
17 Febrero 2007 | 12:53 PM