Hay en economía un concepto llamado coste de oportunidad, que desde mis pobres nociones de la misma, viene a significar la perdida que supone para una empresa haber elegido una opción en vez de la otra.

Pues bien, para mi, estos días, el coste de oportunidad está siendo altísimo, mas en lo moral y emocional que en lo económico.

Se me está haciendo tremendamente duro ver la Copa del Rey de baloncesto por la tele. Esos cuatro días mágicos, esperados como agua de mayo durante toda la temporada, esos cuatro días de fiesta, baloncesto y amigos. Esos 4 días perfectos.

Ayer, viendo el partido inaugural, los nervios empezaron a recorrerme el estomago. Me había equivocado en mi decisión de no ir, estaba seguro. Cierto es que la Copa es un desembolso económico importante, y que sin el Pamesa en competición perdía parte de su atractivo, quizá por eso perdí la perspectiva de la magia que tiene esta competición.

Para la gente que no ha estado nunca en una fase final, le costará comprenderme. La gente a la que no le gusta el baloncesto, pensará que estoy loco. Pero hoy, viendo el partidazo entre el Madrid y el Granca, casi me echo a llorar por no estar ahí. Momentos increíbles he pasado, en los partidos y fuera de ellos. El mate de Rudy, la exhibición de Rako contra el Barça, la final del año pasado... las fiestas impresionantes de la Copa de Zaragoza, incluso el chasco que me llevé en Madrid, por ser un calzonazos... millones de cosas, de recuerdos y de anécdotas.

En fin, el año que viene no habrá ningún tipo de duda. En una ciudad que me gusta mil veces mas que Málaga (de hecho, me gusta mil veces mas que el 99% de ciudades que he visitado) como es Vitoria, con el Pamesa en competición y con todos mis colegas ahí.

Me lo he prometido a mi mismo, nunca mas sin Copa J