Os puedo asegurar que si escribís cicatriz en el google, está será la única imagen que podais colgar sin que asuste al personal
En esta ocasión no voy a hablar de una cicatriz en el sentido figurado de la misma, una de esas que todos tenemos y que cada vez que observamos nos hace recordar algún suceso traumático que nos la provocó. Esta vez voy a hablar de una cicatriz de verdad, de las que se ven a simple vista sin necesidad de psicoanálisis de ningún tipo.
Volvía yo del peluquero bastante contento con el apaño que me había hecho, eso si, escocido perdido, por que mi peluquero es un gran tipo, simpático, divertido, le gusta el basket y la buena música... pero es un inepto cuchilla de afeitar en mano. No hay manera humana de que yo entre en su peluquería y no salga con el cuello como si una clase de ESO se hubiera pasado el recreo dándome collejas, alguien debería enseñarle a manejar una navaja como es debido.
Pues eso, que me voy. Que había vuelto a casa y en eso que me voy a mirarme el espejo, y que desagradable sorpresa cuando veo ahí la cicatriz, en el lado izquierdo de mi cabeza. Influye el hecho de que es la vez que mas corto me he cortado el pelo desde el trágico momento, pero joder, que impresión.
Creo que la cicatriz, como parte de mi ser que es desde hace un poco menos de un año, merece que cuente su historia. Nació de sopetón, sin ser para nada esperada ni mucho menos deseada. El parto fue duro y complicado, una fría mañana de invierno en un pabellón en el culo del mundo a las afueras de Madrid. Estaba yo intentando no hacer demasiado el ridículo en la cancha de basket cuando me lancé a por un balón dividido y de repente, rompí aguas.
Choqué fuertemente contra otro jugador, cabeza con cabeza y debido a mi gran instinto teatral me lancé al suelo para montar un poco de show. En pocos segundos empezó a brotar una barbaridad de sangre y coño, ahí ya me asusté. Estaba claro que venía en camino y ya no había nada que hacer para pararlo, así que, con la ayuda de una comadrona estupenda, ahí que nació la pequeña.
Resumiendo, y después de este lamentable símil, que me abrí la cabeza vaya. Y siempre supe que eso dejaba cicatriz, incluso veía un pequeño claro cuando me cortaba el pelo, pero hoy me he dado cuenta de que tengo una cicatriz de padre y muy señor mío. No creo que sea algo especialmente antiestético, sinceramente, me da un poco igual. Solo es, posiblemente, la única cosa curiosa que me ha pasado en un día igual de gris, como los anteriores.
Creo que necesito una musa, algo o alguien que me empuje a escribir como creo que puedo hacerlo, sobre temas interesantes y no sobre cicatrices. Esto es un blog personal, y como reza el subtitulo “estupido”. Eso no es óbice para que en los últimos días me haya sentado con la intención de escribir algo bonito, cosas como las que tengo escritas y guardadas a cal y canto, y no haya sido capaz. Ni una sola letra oigan. Me he decidido por seguir contando mis tonterías diarias hasta que vuelva esa inspiración que tuve unas cuantas (demasiadas ya) fechas atrás, esperando que no se haya secado el poco ingenio que tuve alguna vez.
Y es que, lo de encontrar una musa, está complicado. Si la única persona realmente interesante que conoces es completamente inalcanzable, es una posibilidad que hay que tachar de la lista de “como recuperar la chispa en 10 sencillos pasos”.
Lo del tiempo libre, bueno, siempre puedo esperar al verano. El verano, además de época propicia para salir de fiesta, ir a la playa y hacer el indio en general, es una época cojonuda para escribir. Puedes sentarte toda la noche delante del puñetero ordenador sabiendo que al día siguiente no tienes que hacer absolutamente nada, o en mi caso, que te espera un trabajo en el que te puedes pasar la mañana durmiendo. Así pues, supongo que tendré que esperar a la época estival para recuperar una pizquita de entusiasmo por esa parte.
Hay otro motivo por el que creo que antes escribía mejor que ahora. Lo pasaba mal, muy mal. Algunos ya sabéis las especiales circunstancias de mi vida hace un par de años, tampoco viene a cuento contar demasiado ahora. Simplemente, pienso que el estar en una de las dos partes del precipicio emocional, vease la felicidad mas absoluta o la miseria mas deprimente, te incapacita para realizar cualquier cosa, entre las que se encuentran por supuesto la capacidad de leer, escribir o cualquier otra acción que requiera un mínimo de esfuerzo intelectual. Al menos, eso me sucede a mi. Si eres totalmente feliz, eres un autentico gilipollas. Yo he pasado por un par de épocas de estas (generalmente de enamoramiento adolescente correspondido) y mis propios amigos me decían que parecía un poco imbécil. Lo corroboro, vaya.
También he estado en el otro extremo, y suele ser menos agradable. Extremadamente menos agradable, diría yo, pero sus efectos, aunque manifestados de otra forma, son los mismos. Los únicos momentos en los que yo he encontrado el sosiego para escribir de forma que no me avergonzara de mis letras, han sido o cuando he estado deprimido pero no exageradamente como ha habido momentos, o en momentos de felicidad contenida.
Sin embargo y echando la vista atrás, lo único aprovechable de lo que escribí hace un tiempo lo hice en el periodo en el que estuve sin hacer nada, solo tirado en la cama, para que sanaran las profundas heridas que habitaban en mi, provocadas por mi mismo o por los demás. Mientras cicatrizaban. Durante ese periodo de cicatrización y tristeza escribí cosas que la única persona que las vio me calificó como “preciosas”, lo único que ha salido de mis dedos y no me ha dado vergüenza leer. Lamentablemente, esos textos se perdieron por informáticas razones. La puta tecnología siempre dando por saco.
De todos modos, y si tiene que servir a modo de resumen, prefiero seguir siendo un inepto integral como me siento ahora mismo escribiendo, que tener que volver a pasar por todo aquello. Siempre he pensado que los entupidos son mas felices, y en este caso, prefiero ser un poco mas estupido y un poco menos infeliz de lo que fui en ese momento.
Vaya, os mentí. Al final si he acabado hablando de todo tipo de cicatrices...
Estuve presente el día de esa cicatriz...y con La Rodi nos tocó quitar tu masa encefálica del suelo con un par de kleenex. Y no estaba tan perdido, oye...
Sobre las otras cicatrices y la busqueda de musas, lo dicho: todo llega. Fijate lo que tardé yo para encontrar a la mía, y cada día que pasa mas miedo tengo que de repente desaparezca de mi vida. Al tiempo, hombre, ya aparecerá el día que menos te lo esperes.
Por fin te escribo algo!!!
Esq lo de la cicatriz me ha llegado al alma.
Aun me acuerdo cuando te vi: "Pero q has hecho alma candida!!!!" Joe q susto!!!
Eso fue x salir de marcha la noche anterior con unas vitorianas... es dificil q el cuerpo responda al dia siguiente!
Necesitas una musa?? Aqui me tienes!!! Me diras q no te inspiro!!! Cosas bonitas y eso no (aunq tb tuvimos nuestra epoca de conversaciones profundas), pero a decir capulladas seguro q si!!!
Venga, utilizameeeee (siempre has deseado q te diga esta frase verdad?? jajaja)
SIgue escribiendo, q me encanta tener algo q leer cada dia.
Ah, te echare de menos en malaga ;) (negare haber dicho esto! tengo q mantener mi imagen de dura y borde q te encanta :P)